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El Fin de Estos Tiempos

 

Asteroides o planetas que chocan con la Tierra, pandemias que acaban con la población mundial en cuestión de semanas, explosión de armas nucleares o biológicas usadas por el poder político al servicio de la ambición y la locura de sus gobernantes, erupción de volcanes, terremotos y tsunamis seguidos por otros fenómenos naturales que resultan nefastos y devastadores para el plano planetario. Esto y muchas otras manifestaciones del contexto apocalíptico, se enlistan en las culturas orientales y occidentales, en corrientes filosóficas y científicas, para las cuales el fin de los tiempos se ha convertido en una fijación enfermiza, rayana en la psicosis mundial.


Bajo la luz de los Estudios Espirituales Astrales ante Dios, sabemos que la Tierra no va acabarse, solo será transformada, cambiara su polaridad y en medio de un gran cataclismo muchas tierras se hundirán en los océanos y otras que ya están siendo preparadas saldrán a la superficie para albergar a los nuevos hombres. Será esa humanidad que volverá a lo natural, a lo esencial, que restablecerá las relaciones con el entorno y sus hermanos, basándose en la armonía y el respeto que nunca debió olvidarse. Será esa humanidad que vibrará mas alto, con una conciencia más elevada proyectada hacia el amor, la justicia y la paz; una humanidad mas sabia, capaz de discernir entre el bien y el mal, capaz de escuchar y de enseñar a otros lo aprendido.


Nos encontramos viviendo los últimos momentos de la Séptima Generación. Un nuevo periodo se aproxima, un paso acompañado de sufrimiento y dolor, una transformación necesaria para la especie humana y el plano terrenal. Así, la Octava Generación emergerá de días cortos y oscuros, de la misma Tierra que se sacudirá en grados de cataclismo total, de mares desprendidos de sus propios lechos que arrasaran campos y ciudades, de una humanidad que será despertada de un largo sueño, en el que se ha mantenido desconectada de la realidad espiritual y, en ello, de la conciencia de que en todo tiempo y lugar impera el pulso del Supremo Orden Divino, a través de Leyes Universales, enfocadas a la evolución de todo cuanto existe, tangible e intangible, en el hombre y en su entorno.


De modo que si hoy vivimos días propicios al fin, es apenas la reacción del Universo ante un Planeta en el que se contiene una humanidad enredada en sus vicios, sus placeres y mentiras; una sociedad que olvido sus valores, que confundió su libre albedrío con el libertinaje, que emprende guerras sin sentido, que contamina su entorno; aquella que no es capaz de dominar su ira, pero si pretende manipular el ADN y controlar el átomo; un conglomerado que perdió el rumbo natural, que se volvió indolente, que sucumbió ante el materialismo y a todo le coloco precio; una sociedad que no quiere escuchar porque está entretenida con los encantamientos del mundo; aquella que se olvido de Dios y hasta de sí misma, en eso de su consistencia espiritual de origen sagrado y destino concreto e intransferible en los planos mas luminosos de la eternidad.


El caso es, que ni la Tierra como suelo de Paraíso, ni el hombre como su habitante temporal, es algo loco o accidental, desconectado del Poder Supremo, sino, todo lo contrario, es parte sustancial de un plan divino en lo cósmico, por ende sujeto a parámetros y procedimientos que de ser violados no afecta los objetivos de la evolución, mas si las condiciones y cantidad de Eras y Generaciones implicadas en el desarrollo de la misma.


Y aunque las cartas ya fueron lanzadas al viento y hoy el mundo intenta explicar lo que está ocurriendo, sabemos que sólo, quienes, precisamente, por su grado de evolución espiritual, son merecedores, pasaran con la Tierra a su nuevo plano de vibración en la Octava Generación, mientras que los demás entregaran su materia a esta misma Tierra, para volver a nacer en dimensiones de menor o igual evolución, a continuar con la propia, siempre supeditados a la Ley de la Causa y el Efecto y a la Ley de la Reencarnación.


La pregunta inmediata es, estamos preparados para trascender la Séptima Generación y acceder a la Octava, en el mismo plano planetario, a disfrutar de tiempos y espacios de Amor, Justicia y Paz. Será que somos capaces de dominar nuestros egos y apegos imbuidos de materialismo y abrir nuestra mentalidad a las grandes verdades que ya empiezan a ser reveladas, y sincronizar nuestra conciencia con una nueva vibración donde no habrá espacio para el odio y la maldad?